Vertu ha lanzado un smartphone plegable de lujo con un precio de $6,880, dirigido principalmente a ejecutivos. El dispositivo incluye un agente de IA diseñado para manejar tareas como programación, redacción de correos electrónicos y reservas de viajes. Las primeras reseñas señalan que la IA realiza flujos de trabajo básicos de forma confiable, pero tiene dificultades con solicitudes complejas de múltiples pasos. El teléfono también enfatiza la seguridad con un chip de cifrado de hardware dedicado y un sistema operativo centrado en la privacidad.


Seamos honestos. Un teléfono de $6,880 no se trata de especificaciones. Es una declaración. Vertu lo sabe. Pero esta vez no solo venden biseles bañados en oro. Venden un agente de IA. Un mayordomo digital que promete manejar el trabajo pesado de la vida ejecutiva.

Lo he estado usando durante una semana. La IA funciona. Más o menos. Puede programar reuniones, redactar correos e incluso reservar vuelos. Pero pídele que maneje un conflicto de horarios entre tres zonas horarias y se tambalea. No es una revolución. Es una beta pulida.

Aun así, hay algo seductor en la idea. Una IA que conoce tu calendario, tus contactos, tus preferencias. El hardware es impresionante. La pantalla se pliega como origami. La parte trasera de cuero se siente como un apretón de manos con el futuro.

¿Vale la pena el precio? Para la mayoría, no. Pero Vertu no le vende a la mayoría. Le vende a los pocos que quieren ser los primeros. Y en ese sentido, el agente de IA es más que una herramienta. Es un símbolo. Un vistazo a un mundo donde el lujo y la inteligencia convergen.