A mayo de 2026, la rentabilidad de la IA sigue sin resolverse. Las grandes tecnológicas han invertido cientos de miles de millones en infraestructura de IA, pero solo unas pocas, como Nvidia, reportan retornos significativos. La mayoría de las startups de IA continúan operando a pérdida, dependiendo del capital de riesgo. Los mercados públicos se han impacientado: las valoraciones de las acciones de IA cayeron un 20% en el último trimestre. La promesa de ganancias de productividad impulsadas por IA no se ha materializado en los informes de resultados corporativos.
La fiebre del oro de la IA parece más una empresa de tontos. Construimos los ferrocarriles, pero nadie compró billetes. Las empresas gastaron miles de millones en GPUs y centros de datos. Contrataron ejércitos de científicos de datos. ¿Qué obtuvimos? Chatbots que alucinan y generadores de imágenes que no saben dibujar manos.
Las cuentas no cuadran. Los costos de entrenamiento son astronómicos. El consumo de energía es obsceno. Y los productos: son juguetes, no herramientas. La rentabilidad real requiere resolver problemas reales. En cambio, tenemos una solución en busca de un problema. La resaca se acerca. Y va a doler.