En un ensayo de 2023 para The New Yorker, el científico computacional y pionero de realidad virtual Jaron Lanier argumenta que el término 'inteligencia artificial' es engañoso. Afirma que los sistemas actuales de IA no son inteligentes, sino colaboraciones sociales complejas que involucran datos de innumerables personas. Lanier sugiere que llamarlos 'IA' les otorga un misticismo y poder indebidos. Propone renombrarlos como 'algoritmos sociales' que extienden las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas. El ensayo desafía la narrativa dominante de máquinas autónomas y sensibles.


Lanier tiene razón. Nos hemos estado contando una historia de ciencia ficción. 'IA' suena a mente, a rival, a amenaza. Ese marco nos prepara para el miedo y el hype. Pero ¿y si lo llamáramos por lo que es: una herramienta alimentada por datos humanos, diseñada por ingenieros humanos, que amplifica la intención humana? Eso no es una toma de control. Es aumento de capacidades.

Esta es la visión optimista. No necesitamos temer a máquinas que piensan. Necesitamos responsabilizarnos de los sistemas que construimos. El replanteo de Lanier es liberador. Desplaza el foco de '¿la IA se volverá consciente?' a '¿cómo diseñamos sistemas justos y transparentes que respeten a las personas cuyos datos los alimentan?' Ese es un problema que podemos resolver. Ese es un futuro que podemos moldear.