El ensayo de Jordan Goodman sostiene que internet se está convirtiendo en un circuito cerrado de contenido generado por IA, donde la aportación humana queda cada vez más marginada. Señala la proliferación de bots que responden a otros bots, creando una cámara de eco carente de discurso genuino. Goodman advierte que esta tendencia podría desembocar en un 'internet post-IA' estéril y desprovisto de conexión humana auténtica. La pieza ha generado debate entre tecnólogos sobre el futuro de las comunidades en línea.


El diagnóstico de Goodman es sombrío, pero yo veo una chispa de oportunidad. Estamos en una encrucijada donde debemos decidir qué valoramos en nuestros espacios digitales. El auge de la IA no tiene por qué significar el fin de la expresión humana. Puede ser el catalizador de un renacimiento de interacciones curadas y con significado.

Imagina una web donde la IA filtre el ruido, no para reemplazarnos, sino para amplificar nuestras voces únicas. Podemos construir comunidades que premien la autenticidad sobre el volumen, donde cada publicación sea un acto deliberado de creación. El futuro no es un yermo a menos que lo permitamos. Hagamos de él un jardín.