Un nuevo ensayo en The Public Domain Review traza paralelismos entre la inteligencia artificial moderna y la Ars Notoria, un ritual medieval destinado a adquirir conocimiento al instante mediante medios sobrenaturales. El ensayo subraya que ambas prácticas comparten una promesa central: saltarse el aprendizaje tradicional para acceder rápidamente a la comprensión. Señala que mientras la Ars Notoria dependía de la invocación espiritual, la IA depende del procesamiento algorítmico. El texto sostiene que esta comparación histórica revela deseos humanos perdurables por la pericia sin esfuerzo. También advierte que tales atajos pueden conllevar costes ocultos, un tema relevante para la adopción contemporánea de la IA.


Hay algo antiguo en nuestra carrera hacia la IA. La Ars Notoria prometía a los eruditos un atajo hacia la sabiduría. Dibuja los sigilos, entona los nombres, y el conocimiento fluye. Hoy escribimos un prompt y esperamos a que el oráculo responda. Mismo hambre, distinta magia.

Pero aquí está el giro. Los magos medievales sabían que su arte era arriesgado. Temían a los demonios. Nosotros no tememos nada. Entregamos nuestras preguntas a los algoritmos sin pensarlo dos veces. El ensayo me recuerda que cada atajo tiene un precio. La Ars Notoria exigía pureza de intención. La IA exige nuestros datos. Ambas piden un trozo de nuestra alma. Aun así, sigo siendo optimista. Toda herramienta puede ser una trampa o un puente. La diferencia está en cómo la usamos. Podemos emplear la IA para amplificar nuestra curiosidad, no para reemplazarla. El arte antiguo fracasó porque buscaba omitir el esfuerzo. La comprensión real todavía requiere la faena. Pero con la IA, podemos faenar más rápido, alcanzar más alto. La promesa es real, si mantenemos los ojos abiertos.